4 de mayo de 2020


(Mayo 2020)

¿Qué tan difícil ha sido para ti el seguir siendo tú mismo, a pesar de la presión social?

En estos momentos en donde sigue la “invitación” a que obedezcas ciertos lineamientos que van desde la sugerencia hasta la orden con consecuencias, dependiendo de la región del país en donde vivas, o dependiendo del país en el que vivas, uno de los conflictos innecesarios que te incomodan son los comentarios de los demás –de frente o a tus espaldas- por obedecer “lo que dicen en la tele,” o lo que dicen las autoridades.

Nadie está llamando a la desobediencia. Hay que ser sensatos.

Sin embargo, tampoco permitas que nadie quiera cuestionar y menos, eliminar, ti vitalidad, tu convicción, y tu responsabilidad de ser un ejemplo de otro tipo de entendimiento que te permite ser diferente, producto de tu crecimiento y avance personal.

Ese conocimiento que te convierte en una luz o lámpara en el camino obscuro por el que millones de personas transitan en este momento.

Que nadie -por favor- nadie, te haga cambiar ese dinamismo y certeza personal de que tú te has ganado el derecho de ser distinto a los demás. Y no porque seas Superman. Sino por el hecho de que a lo largo de tu vida ya viviste lecciones que te han enseñado y te han hecho crecer. Ya sufriste anteriormente, ya lloraste, y ya te dejaste llevar por lo que otros te dijeron y que nunca fue cierto. Sólo te querían manipular y usar.

Ahora ves las cosas con otra perspectiva, y las lesiones, enfermedades, sufrimientos y engaños del pasado, ahora representan un aprendizaje que los demás apenas están por vivir o están viviendo.

Tú te has ganado el derecho a disentir, proponer, a demostrar con tu vida y ejemplo que por supuesto hay más alternativas que la realidad “impuesta” y el miedo que quieren generar por diversas razones.

Repito, no es rebeldía a lo tonto. No es desobediencia.

Simplemente es ejercer tu derecho a ser tú mismo, y serlo plenamente. Que ninguna orden ejecutiva o decreto te cambie. No modifiques tu esencia.

Es aquí precisamente, cuando las circunstancias externas son difíciles y la presión social hace que te dejes llevar por el miedo y la ignorancia. Sin embargo, tú puedes demostrar lo que la vida, los retos y las satisfacciones te han enseñado. Sí, aquí, frente a la adversidad.

Como siempre decimos. No se trata de convencer a nadie, ni de evangelizar. Menos, pedir a los demás que cambien. No. No.

Se trata de que tú vivas con el ejemplo, con la seguridad, la compasión y el respeto que hacen de ti una persona auténtica, y que sin importar las condiciones, vive una vida “muy suya,” convencido de lo que eres, tu propósito en la vida, y tu manera de prestar servicio a los demás.

Si en tu vida hay gente que tiene tanto miedo, no quiere salir, y está espantado porque se puede morir, que se mantengan encerrados. Es su creencia, respétalos, pero que te dejen de imponer lo que ellos creen. Si hay ese tipo de personas: vecinos o familia, respeta sus miedos y sus vivencias. Son muy suyas. Pero también exige que te respeten a ti, porque tu conducta es mu tuya y te lo has ganado a lo largo de muchos años de vida.

Quien tenga miedo, que se quede en el lugar más seguro que tenga, pero que nadie quiera imponerle a los demás sus miedos e inseguridades. No lo permitas. Si te dejas una vez, va a ser más fácil que el día de mañana te impongan otro tipo de restricciones.

Ya bastante daño económico y mental ha creado esta situación.

Quien tenga miedo, que se oculte.

Mientras tanto tú, no dejes de iluminar cada camino por el que cruces. No trates de convencer ni imponer nada a nadie. No es tu tarea. No te metas con la vida de los demás porque cada quien está en el lugar perfecto donde tiene que estar, viviendo lo que debe vivir.

Mientras tanto tú, mantienes tu labor viviendo una vida diferente.

Si alguien más te ve, que se pregunte: ¿y por qué él/ella tiene la confianza que todos los demás han perdido? Y ojalá que en ese cuestionamiento les llegue la idea de que existen otras formas de ver y vivir tu realidad.

Tristemente, la mayoría cree que eres un portador más de posibles enfermedades y los puedes contagiar.

Lo que deberían saber es que muchos de ustedes son portadores de la vitalidad, entereza, fuerza, salud y esperanza, y que ojalá pudieran contagiar a los demás de tanta vitalidad y paz mental. 

Con cariño y respeto.
Su amigo,
Roberto Mendoza C.


*Busca. Infórmate. Cuestiona. Comprende*
“La Verdad Es, Independientemente de lo que te Hayan Enseñado a Creer”