2 de abril de 2018

NUEVA ENERGIA * No Eres Responsable de las Emociones de Nadie *



Jennifer Hoffman en su artículo ¿Puedes Herir a Alguien? Nos recuerda que nuestros sentimientos son nuestra entera responsabilidad y no podemos esperar que otros sientan esas mismas emociones, ni hacernos responsables de ellas.

He escuchado con frecuencia que la gente no pretende lastimar a nadie cuando realiza cambios en su vida. Es una gran preocupación, muy válida. Pero en realidad no puedes causarle ningún mal a nadie, sin importar lo que hagas, por dos razones:  la soberanía energética que cada uno posee y por la propiedad kármica, los ciclos y la dinámica de grupos álmicos que existen entre ustedes. Este tema crea controversia hoy día y no es fácil razonarlo porque el universo no es amable, sólo es, y no hay ni bueno ni malo, todo es un intercambio de energía.  

Todos aquellos con quienes interactúas son parte de tu grupo álmico y tienen algún tipo de karma contigo. Esto es importante recordarlo porque seguramente existe cierto karma o asunto energético sin terminar. De alguna manera te sientes responsable de sus sentimientos y cómo es que responderá a lo que hagas. Esta es una de las maneras en que permaneces en ciclos kármicos y los continúas, en vez de permitir que los mismos se cierren.

Dado que todos somos energéticamente soberanos, no importa lo que esté sucediendo entre nosotros. Los que nos rodean eligieron estar en equis situación contigo para su propia sanación y crecimiento álmico. Si eres el agresor o la víctima, las situaciones de vida que se presentan, desde la perspectiva del alma, tienen un claro propósito: el sanar heridas del alma, realineación energética, limpiar karma y remover la energía densa de tu campo energético. Y esto aplica para todos, en cualquier situación. 

Así que si alguien se cruza en tu camino y no haces lo que quiere que hagas: como cuidarlo, amarlo y apoyarlo, existe la posibilidad de que se sienta herido por tus decisiones. Puede aceptarlas o decidir qué es lo que hará con la situación. Por lo que tú debes elegir si te involucras o no a ese nivel, lo que sería una decisión que haría que continuaras con los viejos patrones kármicos.

Otra razón por la que no puedes lastimar a nadie es que cada uno es responsable de sus propias emociones. Nadie puede “hacer” que alguien más sienta algo. Cada emoción es una decisión y así es como procesamos la energía. Por ejemplo, si decides asistir a una universidad que está lejos de casa y no te casas con tu pareja de la escuela, hay una lección kármica muy fuerte para que vivas tu vida a tu manera, sin sacrificar tus sueños por cumplir con las expectativas de alguien más. Tal vez la otra persona no lo comprenda y se sienta terriblemente triste por tu decisión, pero seguramente que han repetido este patrón en muchas otras ocasiones en el pasado. Y si, por ejemplo, una chica queda embarazada para lograr que su pareja se case con ella, esa es otro ciclo kármico.

El sentirse responsable por la pena de otro es como darle un martillo a alguien y después sentirse culpable porque lo utilizó para golpearse a sí mismo.

Recordemos el espejo kármico: lo que haces en esta vida, lo ves desde la perspectiva opuesta en otra vida. Por lo que el abusador se convierte en la víctima, el tirano se convierte en el sirviente y el pobre se vuelve rico.

Debemos dejar de responsabilizarnos por las cosas que no nos pertenecen. El regalo más grande que podemos hacerle a alguien es reconocer su soberanía energética. Esto significa que respetamos tanto el poder de la persona, como sus decisiones. Y que, por supuesto, no somos responsables de sus decisiones, ni somos causa de su dolor.


*Busca. Infórmate. Cuestiona. Comprende.*
“La Verdad Es, Independientemente de lo que te Hayan Enseñado a Creer”.
Gracias Uriel y Jennifer Hoffman por sus enseñanzas
www.urielheals.com


(Abril 2018)


Más de un orador, escritor, músico o pensador ha comentado que sería muy adecuado que pensáramos menos y amáramos más. Que sería maravilloso que nuestro cerebro estuviera en el lugar que ocupa el corazón y viceversa, ya que de esa manera pensaríamos con amor y amaríamos con sabiduría. 

Algo similar aplica con tener espíritu de niño, pensar y actuar de manera libre. Sin buscar quedar bien, seguir los patrones que marca la sociedad o limitarse a actuar, hablar, pensar o sentir “como se debe”. 

Imagino que recuerdas muy bien cómo te divertías y gozabas cuando eras niño, o ¿ya se te olvidó?. El que podías armar todo un juego con cajas vacías de zapatos (o bueno, si no estaban vacías, igual se usaban… dejábamos los zapatos ahí acomodaditos sin la caja –jeje). Armabas con tus hermanos o con los amigos de tu calle o de tu salón de clase las más increíbles historias de fantasía, ya sea con algunos juguetes o con palos de escoba, partes de juguetes que ya se habían roto, con bolsas del super, con ramas caídas del parque cercano a donde ibas a jugar…. En fin, ¡no había limite! Porque la imaginación no la tiene y de ella sacábamos muchísimo jugo.

Y si tenías que improvisar algo para un trabajo escolar, pues había muchísimo que podías contar o escribir, ya que tu mente y tu corazón estaban listos para echar mano de la creatividad y la imaginación. Todo aquello que sentías lo plasmabas de manera muy fácil, ya sea que fuera de manera oral o escrita.

Pero creciste, te convertiste en adulto y todo eso terminó. Ya no dedicas tiempo a pensar en algo que te guste, a ser creativo, a buscar lo que te divierte. Hoy día todo está en las famosísimas apps, ya no te ocupas en hacer funcionar tu mente y mucho menos tu corazón… TODO está hecho, te dice la mercadotecnia. Tienes una cantidad de opciones televisivas o de “streaming” que ya no buscas salir ni al cine…. Ya no caminas en la naturaleza o te encuentras con gente real, fuera de las redes sociales.

Te invito a que no dejes de lado tu pacto con Peter Pan. Aquel que te invita a nunca dejar de tener corazón de niño, a ser libre, a jugar, a ser creativo, imaginativo, a amar sin medida, a que hagas las cosas para quedar bien con alguien.

Disfruta del niño que llevas dentro…. ¡Siempre! 

Te agradezco que hayas visitado este espacio y te mando un saludo Desde Aquí 

Silvia Limón

1 de marzo de 2018



(Marzo 2018)

Nos acercamos al cambio de estación. Particularmente en el hemisferio norte, a la primavera. En la naturaleza, el cambio de estación es una oportunidad de transformación y renovación.

En el caso de los humanos, también debería ser una etapa de renovación. Si no de manera radical como lo hace la naturaleza, la opción de cambio en el humano debería tomarse de manera seria.

Todo se transforma hay periodos cíclicos para acelerarlo. Si es algo natural y obligado en la naturaleza, debería serlo también para el humano. Sin embargo, nosotros nos resistimos, incluso nos aferramos.

Uno de esos periodos es precisamente, la primavera.

Alguna vez escuchaba una idea que me pareció interesante. El invierno es una estación donde la creación hace un alto momentáneo. Es una etapa de introspección y en la naturaleza lo vemos con lo que le sucede a los árboles, las plantas y los animales. Son unos meses de hacer un alto para "soñar” las próximas creaciones y estar listas para manifestarlas en la siguiente estación en donde todo florece.

Una bonita metáfora que tiene su lado interesante.

Llegó el momento de crear, o de permitir la manifestación de nuestras creaciones. ¿Cuáles? Todas las que sean apropiadas.

Y ustedes se preguntarán: “¿cuáles son las apropiadas?, ya que frecuentemente no nos salen las cosas que deseamos o planeamos”.

Las manifestaciones apropiadas pudieran ser aquellas que necesitan presentarse por el nivel de conciencia o vibración que tenemos, en un momento determinado, bajo las condiciones actuales. No puede hacerse presente algo que no esté dentro de ese esquema.

Además, contempla la idea ancestral de que “la vida probablemente no te de todo aquello que quieres, pero seguramente te otorgará todo aquello que necesitas”.

Es decir, lo que estaríamos dejando llegar a nuestras vidas es aquello que necesitamos hoy, aquí y ahora. No más, pero tampoco menos.

Si no tenemos lo que queremos o no hemos permitido su manifestación por estar lamentando el pasado o estamos ansiosos por el futuro, colocamos un obstáculo a la creación para permitir el paso a lo que necesitamos.

Y aquí es cuando hay que reconocer la necesidad de cambiar. Modificar actitudes, pensamientos, costumbres o creencias.

Y aquí es cuando hay que dejar de aferrarnos a lo antiguo, al pasado, que precisamente nos tiene en el lugar donde estamos.

El cambio de estación es propicio para nuestra transformación. Mostremos tantita disposición, y el cambio se verá más fácil.

Comienza con algo sencillo, pequeño, a tu alcance. Una manera de pensar, una costumbre arraigada que ya no te sirve. Un vicio pasajero. Un capricho.

Inténtalo….hazlo. Ten la voluntad, genera cierta acción.

Un aspecto a la vez, pero sé persistente. No olvides que todo cambio es un proceso. Ni las estaciones en la naturaleza cambian dela noche a la mañana.

Tómate tu tiempo, pero aprovecha este cambio natural que llega con una nueva estación. La estación donde todo vuelve a florecer.

No lo retrases, no lo postergues. Hazlo, que tu cuerpo, mente y todo a tu alrededor se dé cuenta de que en verdad quieres cambiar. Verás cómo se convierten en tus aliados.

¡Florece!

Estás entrando a la estación adecuada para hacerlo.

Con respeto,
Roberto Mendoza C. 


*Busca. Infórmate. Cuestiona. Comprende*
“La Verdad Es, Independientemente de lo que te Hayan Enseñado a Creer”

NUEVA ENERGIA * Mi Pelea Con Dios *



En su mensaje “¿A Dios le Interesa?”, Jennifer Hoffman nos comparte su experiencia de frustración contra dios y cómo se dio cuenta que la única creadora de su realidad era, ni más ni menos, que ella misma y no una fuerza externa. 

Hace poco recordé una época en mi vida en que no tenía empleo, ni dinero, dormía en un colchón que estaba en el piso del departamento de una buena amiga y me preguntaba cómo es que había yo llegado a esa situación.

Tenía una buena educación, experiencia, era una mujer adulta, profesional… ¿qué había pasado con mi vida?  Todas las noches le reclamara a dios, llorando de miedo y frustración. Le decía que él había convertido mi vida en un desastre y que lo único que quería era irme a casa. Y despertaba al día siguiente, miraba a mi alrededor y decía “Caray! Sigo aquí!”.  Esto lo hice de manera diaria, por seis meses, porque creía que la única forma de resolver mis problemas era morir durante la noche, de manera pacífica, serena y sin dolor.

Aunque estaba muy enojada con mi situación, estaba aún más molesta con dios, quien no respondía mis preguntas en el momento que yo lo necesitaba. Había sido una buena persona, ¿no merecía acaso algo de alivio?  ¿Por qué había silencio total en estos momentos de extrema necesidad?. Y obtuve mi respuesta en un sueño, en el cual yo estaba en la oficina de dios y me quejaba amargamente de mi situación; a lo que él respondió colocándome en el “cuarto de espera”, hasta que yo pudiera entender quién tenía el poder real en mi vida. Fue un sueño tan terrible y tan real que desperté llorando, segura de que dios me había abandonado por completo.

Así que, ¿qué sucede en nuestra vida cuando de pronto todo está de cabeza y no alcanzamos a comprender qué ocurre? ¿A dios le interesa? Y ¿cómo lo sabemos si no recibimos ni ayuda ni apoyo? Esa es una pregunta que no podemos ni debemos preguntar. Es imposible para nosotros estar separados de nuestra conexión divina, pero eso no hará que las cosas “nos caigan del cielo”. Para lograr la soberanía energética existen dos cosas: la fé y la acción.

La fé es el filtro a través del cual la energía universal se transforma. Nuestras creencias se reflejan en nuestra realidad. Si no tenemos dinero, ni hogar y vivimos al borde del abismo, no es un trabajo para dios sino que nuestras creencias son las que entran en acción. Si estamos listos para gozar de una vida más feliz y más plena necesitamos nuevas creencias satisfactorias que filtrarán la energía de manera más benéfica y productiva.

Podemos sentirnos fortalecidos si nos convertimos en Sanadores Mártires, quejándonos diariamente sobre lo mal que están las cosas, lo que hace que dicha energía continúe en la misma dirección. A veces tenemos tanto miedo de crear una realidad llena de alegría, amor y paz que preferimos estar en guerra con nosotros mismos y permanecer en estado de culpa y de vergüenza. Y además, culpamos a todos por nuestra situación. Es como cocinar un platillo extraordinario y no sentarnos a comerlo. No podemos esperar que nada ni nadie nos alimente. Debemos estar dispuestos a alimentarnos, tomar el tenedor y empezar a comer.

Hay que eliminar esa parte que sufre y examinar nuestro corazón. Y es una decisión difícil cuando el fortalecimiento de alguien tiene que ver con su sufrimiento.

Llámalo como gustes: conquista, liberación o sanación para tu miedo. Se trata de tu decisión de moverte de ser una víctima a ser un ganador, de estar triste, miedoso y enojado a darte la oportunidad de ser feliz, libre y a estar en paz. El resultado de esa decisión es sentirte libre de miedo y vivir una vida plena. 


*Busca. Infórmate. Cuestiona. Comprende.*
“La Verdad Es, Independientemente de lo que te Hayan Enseñado a Creer”.
Gracias Uriel y Jennifer Hoffman por sus enseñanzas.
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